Límites del coaching frente a situaciones de salud mental

Hace poco, en una clase, una alumna me preguntó con la seriedad con la que se preguntan las cosas importantes:

—Ángela, ¿y qué dice la ICF sobre la salud mental?

Y me encantó que lo preguntara así, sin rodeos. Porque este es uno de esos temas que están siempre en el aire, pero que muchas veces evitamos nombrar. Y sin embargo, si trabajas como coach, necesitas tener muy claro dónde estás pisando. Porque aquí no solo hablamos de técnica o de competencias, hablamos de ética. De seguridad. De cuidar al otro.

Así que te lo digo desde ya, sin metáforas ni envoltorios: el coaching no es terapia. Y eso no es una forma de hablar. Es una línea. Clara. Concreta. Necesaria.

¿Es lo mismo coaching que terapia?

La ICF lo deja muy claro en su código ético y en sus competencias. Los coaches profesionales no estamos formados para diagnosticar, tratar ni intervenir en situaciones de salud mental clínica. Eso lo hacen los psicólogos, los psiquiatras, los terapeutas. Nosotras, como coaches, trabajamos en otro lugar. Un lugar igual de profundo, pero con otras herramientas y desde otro encuadre.

Y esto hay que entenderlo bien. Porque a veces nos entra la tentación. Alguien llega a una sesión llorando, angustiado, diciendo que no puede más, y sentimos ese impulso de ayudar. De hacer algo. De “rescatar”. Pero el verdadero profesional no hace de salvador. El verdadero coach reconoce su lugar. Y si lo que aparece no puede ser acompañado desde el coaching, lo deriva con respeto y con firmeza.

No es falta de compromiso. Es madurez profesional. Porque no todo lo que duele se puede acompañar desde una pregunta poderosa. No todo lo que agobia se resuelve con un plan de acción.

El coaching puede sostener muchas cosas: dudas, decisiones, bloqueos, confusión, falta de foco, crisis de sentido. Pero cuando lo que aparece es una depresión profunda, una ansiedad paralizante, pensamientos suicidas, adicciones o trastornos graves de la conducta… ahí ya no se trata de sostener. Se trata de no intervenir, y de invitar a que esa persona busque ayuda donde sí van a poder acompañarla con la preparación adecuada. Y ojo: eso también es coaching.

Decir “esto no me corresponde” también es acompañar.

Saber salir a tiempo también es cuidar.

La ICF insiste mucho en esto. No solo porque sea un tema delicado, sino porque el coaching necesita protegerse de sí mismo. Necesita evitar convertirse en esa cosa difusa donde vale todo, donde cualquiera cree que por tener buena intuición ya puede tratar traumas de infancia. No. El coaching es una disciplina seria. Y como toda disciplina seria, tiene límites.

Límites que nos protegen a todos: al cliente, al proceso, y al propio coach.

Cuándo un coach debe derivar a un profesional de salud mental

La buena noticia es que se puede colaborar. Un cliente puede estar en terapia y, en paralelo, hacer coaching si ambas partes lo consideran adecuado. Pero los roles deben estar clarísimos. Lo que no podemos hacer es suplantar a quien sí está formado para atender una situación clínica.

Entonces, ¿significa que el coaching no toca lo emocional?

No, en absoluto. El coaching toca emociones todo el tiempo.

Pero las toca desde un lugar diferente. Desde el presente, desde la autonomía del cliente, desde la confianza en que esa persona está en condiciones de sostenerse a sí misma.

Cuando eso no ocurre, cuando el suelo se tambalea demasiado, lo más ético es no seguir.

Y eso, insisto, también es un acto de amor profesional.

Así que, si eres coach (o estás en camino), te invito a hacerte esta pregunta de forma regular:

“¿Desde dónde estoy acompañando? ¿Y estoy respetando el límite de lo que me corresponde como coach?”

Porque en esa pregunta vive toda la diferencia entre ser alguien que acompaña… y alguien que pone en riesgo a otro sin saberlo.

La salud mental no es un tabú. Es una realidad. Y el coaching puede convivir con ella. Pero sin invadirla. Sin jugar a ser terapeuta. Y, sobre todo, sin creernos por encima de nadie.

 

Con presencia, con ética y con los pies bien puestos en el suelo,

Ángela Covas

Coach MCC, y defensora a ultranza de no cruzar líneas que no nos corresponden. Porque eso, también, es cuidar.